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Hablar del Museo Nacional de las Culturas nos remonta al corazón de la ciudad de México y a un espacio que ha sido, desde la vieja Tenochtitlan hasta nuestros días, parte central de la narrativa histórica de nuestro país. Al decir del cronista Antonio de León y Gama en ese lugar estuvo la Casa Denegrida, segundo palacio de Moctezuma, misma que fue concedida a Hernán Cortés según la Real Cédula firmada en 1529. A la muerte de su padre, Martín Cortés se vio obligado a vender el predio a Felipe II dando fin a un largo pleito por los derechos de posesión. Desde ese momento el espacio se destinó a alojar al virrey, la Real Audiencia y la primera Casa de Moneda.
Durante la época colonial, la calle del Arzobispado se convirtió en el eje político donde estaban representados los poderes reales, eclesiásticos, militares y económicos. Entre 1731 y 1734 se construyó ahí la Real Casa de Moneda por el arquitecto español Juan Peinado. En el lugar se acuñaban el oro y la plata procedentes de la explotación minera de México, razón por la cual, la calle aledaña cambió su nombre por el de Moneda, mismo que conserva hasta la actualidad. Varios estudiosos han hecho patente su interés en el edificio por su importancia política y económica. Uno de ellos diría: la sola portada del edificio, equilibrada y de gran belleza, lo ubicó dentro de los más valiosos de la arquitectura colonial. En efecto, la Casa de Moneda destaca por ser una muestra arquitectónica que buscaba más la funcionalidad y sobriedad que la fastuosidad y demostración expresa de riqueza y poder, características propias de las edificaciones coloniales. También sobresale por el hecho, no menos singular, de haber sobrevivido al paso de las incontables oleadas de modernización, conservando gran parte de los elementos que conformaban el diseño original. Así, hoy día podemos observar los clavos y llamadores de la puerta principal elaborados con una aleación de latón y bronce, material sobrante de los trabajos de las rejas del coro de catedral y que fue traído desde Filipinas. De igual manera se conserva en la fachada interior la efigie de Felipe V que adornaba la fachada principal hasta 1898, año en el que se sustituyó por el escudo nacional.

La intensa labor artesanal que se realizaba en la Casa de Moneda propició la creación de la Escuela de Grabado, antecesora inmediata de la Academia de las Tres Nobles Artes de Pintura, Escultura y Arquitectura. Esta academia de artes retomó la tradición europea, como las de San Fernando y San Carlos en Madrid y Valencia, España, respectivamente.
La independencia de México trajo consigo nuevas políticas de acuñación que llevaron a abrir Casas de Moneda en otras ciudades. La de la ciudad de México se trasladó a la Casa del Apartado en 1847.
A partir de entonces el edificio albergó al cuartel de guardia de los Supremos Poderes, al Ministerio de Hacienda, a la Suprema Corte de Justicia, a la Bodega de la Biblioteca y Archivo de la Universidad, al Correo, al Departamento de Estadística, a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, a la casa y oficina del ministro de Relaciones Interiores y Exteriores, a la Sociedad Mexicana de Historia Natural, a la oficina impresora de estampillas, a la Procuraduría, al departamento de fotografía de la Secretaría de Guerra, al local de acuñación en níquel, al cuartel de bomberos y los Talleres Gráficos de la Nación.
Durante el siglo XIX se definiría su vocación como espacio abierto al público. La búsqueda de símbolos históricos y culturales que develaran la identidad nacional encontró en las colecciones de antigüedades un reflejo de la imagen que se quería difundir. En 1865 el Ministro de Instrucción Pública y cultos recibió la orden de Maximiliano de Habsburgo para establecer, en la antigua Casa de Moneda, el "Museo Público de Historia Natural, Arqueología e Historia", que fue respetuosamente dedicado a los "sabios que honran a la Patria". En él se reunieron las piezas dispersas de coleccionistas privados e instituciones como la universidad, así como los archivos y documentos de la historia nacional, antigüedades y monolitos, entre los que destacaban la Coatlicue y la Piedra del Sol.
Los científicos y humanistas del siglo XIX enriquecieron los estudios y las colecciones del museo. Éste fue testigo de una intensa vida académica, entre sus muros se celebraron importantes reuniones de especialistas, se organizaron expediciones de estudio y nacieron sociedades que ahondaron en campos particulares del conocimiento. Así, el museo fue sede de la Junta Colombina para la celebración del Cuarto Centenario del arribo de Cristobal Colón a América. Bajo la dirección de Francisco del Paso y Troncoso se seleccionaron piezas para su exhibición en el Pabellón Mexicano de la exposición de Madrid de 1892.
De igual manera, en el museo se realizó el Congreso Internacional de Americanistas, el primero que tuvo lugar en nuestro continente. Las puertas del museo recibieron a un público interesado en acercarse a los novedosos estudios. En el año de 1909 Franz Boas impulsó el nacimiento de la Escuela Internacional de Arqueología y Etnografía, donde participaron especialistas como Seler y Tozzer, y de la cual Manuel Gamio fue director.
Las colecciones del museo crecieron a la par que la definición y especialización de los campos de estudio. Así, en 1909, se trasladó la sección de historia natural al pabellón del Chopo, que durante las celebraciones del Centenario de la Independencia se construyó para exhibir las colecciones del gobierno japonés. La antigua Casa de Moneda, ahora "Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía", mantuvo su tradición como espacio de trabajo e investigación de la historia mexicana. La importancia de los estudios sobre la cultura de nuestro país, se tradujo en el reconocimiento de la antropología como disciplina académica, por lo que en 1938 se creó, dentro del museo nacional, la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
El pintor Rufino Tamayo, quien había ocupado el cargo de jefe del departamento de dibujo etnográfico del museo en 1921, inició, en 1930, el mural al fresco llamado Revolución, mismo que finalizó hasta 1938. Este mural es el segundo que Tamayo pintó y de los pocos ejemplos en que se ocupó del tema de la revolución.
Durante su gobierno, el general Lázaro Cárdenas desocupó el Castillo de Chapultepec, que hasta entonces era residencia oficial del presidente. Gracias al proyecto educativo y cultural de Jaime Torres Bodet, en 1944 este edificio se convirtió en el espacio de resguardo de las colecciones de historia patria.
Con las colecciones de la antigua Casa de Moneda se abrió, en 1964, el Museo Nacional de Antropología en el Bosque de Chapultepec. En la sala introductoria, y para abordar temas de antropología general, se exhibieron piezas procedentes de otras culturas. Algunos de los investigadores que participaron en este proyecto propusieron entonces la creación de un museo que mostrara los objetos creados por los hombres de otras culturas, para ubicar a México en el contexto mundial.
Nació así, en Moneda 13, el Museo Nacional de las Culturas, único en América Latina debido a su temática: la antropología internacional y singular en el mundo y por la historia de sus colecciones, que no proceden de la práctica colonialista, sino que simbolizan el respeto y la amistad de nuestro país ante las naciones extranjeras. El museo es un espacio para reflexionar sobre los otros con una mirada de respeto.

Moneda No. 13, Col. Centro Histórico, costado norte de Palacio Nacional
direccion.cmuseo@inah.gob.mx
Tels. 5542-0165 y 87
5521-1438
5542-0422 fax

 

 

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